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viernes, 16 de enero de 2015

RECORDANDO SERIES.. CORAZÓN SALVAJE VERSIÓN 1993



(contiene spoilers)
 
En los años ochenta y noventa, cuando había muy poca oferta de televisión en España, la cadena pública solía ofrecer telenovelas después de comer.

Mi abuela, mi madre, mis tías y en general las madres, tías y abuelas de todas mis amigas las veían y las comentaban. Ni siquiera se podía plantear la idea de cambiar el canal a esa hora porque se podía montar la tercera guerra mundial (o por lo menos hacer que tu madre te mirara bastante mal). Decir que eran populares era decir poco.

Por ello, cuando llegaba el verano y los más pequeños cogíamos vacaciones en el colegio, en el instituto o la universidad o nos echábamos la siesta o nos sentábamos religiosamente con nuestras madres a seguir las venturas y desventuras de Cristal, Topacio o La Dama de Rosa.

Ahora mismo hace muchos años que ni se me pasa por la cabeza ver una telenovela pero admito haber visto unas cuantas en mi infancia, mi adolescencia y mis primeros años de universidad (lo último que vi antes de renegar completamente del género fue la versión original de Betty la fea).

Una vez hecha esta introducción en la que intento justificar el hecho de que vaya a dedicarle una entrada a una telenovela (por mucho que sea LA TELENOVELA, por lo menos para mi), me voy a centrar en la serie en cuestión.

Corazón Salvaje es una telenovela mexicana de 80 capítulos de 40 minutos de duración, producida por la Televisa entre 1993 y 1994. Está protagonizada por Eduardo Palomo, Edith González, Ana Colchero, Ariel López Padilla, Enrique Lizalde y Claudia Islas. En España fue emitida en 1994 por Televisión Española y posteriormente repetida tanto por Televisión Española como por otras cadenas.

La serie está basada en una trilogía de libros escritos por la escritora mexicana Caridad Bravo Adams, muy populares en México y que han sido adaptados varias veces, tanto en cine como en televisión. La versión de 1993 (la penúltima realizada) es la más popular y está considerada como la mejor de todas ellas.

Corazón Salvaje es por un lado una telenovela completamente típica (historia de amor que triunfa frente a la adversidad) pero por otro se puede considerar una rara avis dentro del género ya que es de corta duración (sólo 80 capítulos), los actores son uniformemente buenos (variando entre excelentes y buenos pero sin nadie que desentone), un guión sencillo que no se enrolla en exceso y que resulta coherente y creíble y una factura cuidadísima (fotografía, vestuario, localizaciones, música).

Otro detalle diferente de esta serie es que es una de las pocas en las que el personaje principal es un hombre (¡y qué hombre!).

De forma genérica, la telenovela cuenta la historia de amor y desamor entre dos hermanos y dos hermanas en San Pedro, un pueblo de México alrededor de 1900. Amores cruzados, hijos ilegítimos no reconocidos, lucha de clases, denuncia de la corrupción policial y del poder que los ricos y poderosos ejercían por aquel entonces...

El protagonista es un contrabandista conocido como Juan del diablo (Eduardo Palomo), adorado por los pobres y despreciado por los ricos. Juan es en realidad el hijo ilegítimo del hombre más rico del pueblo y tiene un medio hermano, Andrés (Ariel López Padilla), heredero de toda la fortuna familiar.

El prota, Juan
El padre de los muchachos Francisco (también interpretado por Palomo, pero con peluca y barba), quiso reconocer a Juan cuando se enteró de su existencia y le llevó a vivir con ellos a su hacienda para que se criara con Andrés, pero falleció antes de poder hacerlo. Esto lo aprovecho su mujer Sofia (Claudia Islas) para echar a Juan de la hacienda. 

El otro hermano, Andrés
Juan vive permanentemente resentido con un hermano que está en Europa estudiando en los mejores colegios, que ni siquiera sabe que Juan es su hermano y que lo ha tenido todo en la vida. Sin embargo, Juan decide cambiar de vida (dejar el contrabando y dedicarse al comercio legal) al enamorarse de Aimé (Ana Colchero), hija de una familia aristocrática, aunque bastante venida a menos del pueblo. La hermana de Aimé, Mónica (Edith González) es la prometida de su medio hermano Andrés.


Las hermanísimas, Mónica y Aimé
Sin embargo, al volver de Europa, Andrés conoce a Aimé y decide casarse con ella y no con su hermana. Una Aimé que le había prometido a Juan casarse con él, pero que pronto olvida su promesa ante la perspectiva de casarse con uno de los hombres más ricos e influyentes del país.

Como no puede ser de otra manera, a partir de ahí todo se lía y Juan termina enamorándose perdidamente de la hermana de Aimé, Mónica, cuya personalidad y forma de entender la vida es diametralmente opuesta a la de su hermana (Aimé es alocada y pasional y Mónica, sumisa y recatada). Juan y Mónica se pasarán toda la novela intentando que les dejen tranquilos y en paz (algo que, evidentemente, no consiguen hasta el final).

Como comentaba antes, la trama es típicamente de telenovela, es la ejecución lo que diferencia esta telenovela del resto.

Recuerdo que cuando mi madre y yo la vimos por primera vez ya pensamos que era la mejor telenovela que habíamos visto. 20 años y muchas telenovelas después, mi madre seguía pensando lo mismo.

Estas navidades, una vez descubrí que estaba completa en youtube (la propia televisa la ha subido), decidimos verla otra vez. Confieso que estaba preparada para que se me cayera un mito de la infancia. Sin embargo, me he llevado una buena sorpresa cuando no sólo no se me ha caído, sino que lo ha reforzado.

No sólamente Corazón Salvaje le da mil vueltas al 99% de las telenovelas sino que en algunos aspectos (los actores, la factura) es mucho mejor que algunas series de la actualidad. Al ser una historia ambientada en 1900, ha envejecido estupendamente y salvo que en algunas ocasiones puede resultar un tanto oscura, no parece que tenga veinte años.

Los actores son estupendos todos (tanto los principales como los secundarios), lo que ya es raro en cualquier serie, pero en una telenovela todavía mucho más (parece que muchos de ellos procedían del teatro y eso se nota y mucho). Además, todo el mundo tiene química entre sí y todas las combinaciones de personajes funcionan a la perfección.

Una cosa que me sigue sorprendiendo de esta novela es la sutileza de sus actores y la agudeza de sus diálogos (a pesar de que algunas veces se pongan un poco cursis). Los actores utilizan mucho las miradas, gestos y sonrisas para añadirle profundidad a las escenas lo que hace necesario prestar atención a todos los detalles.

Otra de las grandes cualidades de esta serie es que tiene una gran cantidad de personajes memorables empezando por su tremendo protagonista, Juan del Diablo (interpretado por el fallecido Eduardo Palomo), el personaje más carismático de cualquier telenovela que yo haya visto y que sería un muy digno protagonista de cualquier serie de la actualidad. Juan es complicado, muy complicado. Noble pero con muy mal carácter, con unas ideas acerca de la separación entre ricos y pobres y sobre el papel de la mujer en la sociedad bastante avanzadas para la época y con una incapacidad casi patológica para morderse la lengua al hablar y hacer lo politicamente correcto.

La "chica", Mónica (estupenda Edith González), que podría parecer un personaje un tanto soso (la hermana buena, pura, casta y virginal enamorada del héroe), en realidad desde el principio se ve que no lo es tanto (se intuye cierta mala leche y cabezonería en ella)  y termina evolucionando lo suficiente para convertirse en una mujer independiente y decidida, que pasa del que dirán y que se convierte en otro de los mejores personajes de la serie.

La figura paterna del héroe y voz de la razón de la serie, ese magistral Don Noel (personalmente, mi personaje favorito) interpretado por Enrique Lizalde (que como curiosidad, interpretó a Juan del Diablo en una de las primeras adaptaciones de las novelas). Don Noel aplica el pensamiento racional en casi todas las situaciones, y transmite tranquilidad y calma al resto de personajes (sobre todo al temperamental Juan en la que es, sin duda, la relación más interesante de toda la serie), sobretodo teniendo en cuenta de que TODO EL MUNDO va a contarle sus problemas. En lugar del notario del pueblo, parece el psicólogo.

Don Noel
Otro punto positivo que tiene es que los "malos" de la historia no son los típicos villanos. Son personajes definidos a los que puedes llegar a entender (aunque se pongan un tanto cansinos en determinadas ocasiones). Aimé (genial Ana Colchero) es maravillosa en su absoluta incapacidad para decir la verdad y termina resultando tremendamente trágica. Doña Sofía (estupenda Claudia Islas) es la clásica malvada con clase que se pasa la vida urdiendo intrigas pero a la que solo mueve el amor, un tanto enfermizo, por su hijo. A Andrés (Ariel López Padilla), a pesar de que se acaba hasta el gorro de él por pesado y cargante no dejas de tenerle cierta lástima (aunque de los protagonistas me resulta el más flojito tanto el personaje, como el actor).  Eso si, aquí, por muy buenos que sean los villanos como personajes, los protagonistas son aún mejores (y eso es raro porque los villanos siempre lucen más).

La pareja protagonista, Juan y Mónica, destila química (una de las mejores que yo he visto en cualquier serie) y sus escenas son realmente bonitas. Además, la historia de amor está muy bien llevada (vamos que para cualquier fan de las historias de amor, tanto con tensión sexual resuelta como no resuelta es una gozada de ver) y, lo más difícil, resulta creible.

Mónica y Juan
Los dos personajes te caen bien, tanto juntos como por separado y se les ve una evolución tremenda como personajes desde el principio al final de la telenovela. No se trata de una pareja que por ser los protagonistas tienen que terminar juntos por decreto ley aunque sus personalidades no peguen ni con cola sino que la novela consigue que comprendas por qué estos dos personajes se han enamorado, que sus personalidades son realmente complementarias (Juan y Aimé habrían acabado como el rosario de la aurora y Mónica se habría aburrido como una ostra con Andrés) y que el que terminen juntos es lo más lógico y natural de toda la serie.

La banda sonora es una auténtica maravilla. La música instrumental es preciosa y la canción de los títulos de crédito, creada sobre la base de la melodía principal de la banda sonora, muy pegadiza. Además, se crearon unas sintonías de entrada especiales para su emisión en España (interpretada por Plácido Domingo) y en Italia (a cargo de Andrea Boccelli). Sólo con escuchar la música ya se intuye que esta novela es algo más.

Aquí podéis ver la primera versión de los títulos de crédito con el mítico tema instrumental



El único pero que le podría poner es que la parte final de la telenovela se hace un poco pesada, ya que tarda demasiado en resolver el asunto de la reunión de la pareja protagonista y una vez que lo hacen, el final resulta un tanto apresurado. Pero vamos, que esto ni mucho menos desluce la telenovela en su conjunto.

En conclusión, si os gustan las historias de amor bien contadas y las series de época, no os fijéis en que se trata de un telenovela y animaos a verla, de verdad que merece la pena.

LO MEJOR: Los actores, la química de la pareja protagonista, la banda sonora, la ambientación, el vestuario, el guión, los diálogos

LO PEOR: Que no hicieran más episodios

PUNTUACIÓN: 10/10 (Telenovela), 9/10 (Serie)

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Hasta aquí llega la crónica seria y a partir de aquí aviso que entro en modo fangirl absoluto, mucho más spoileroso y digo que Corazón Salvaje y Juan del Diablo, Santa Mónica, don Noel, doña Sofia, Aimé, Marcelo y hasta Alberto, Cajiga y Bautista son lo más.

Es que en esta serie mola todo el mundo (bueno, Andrés un poco menos porque Andrés es un coñazo de personaje y te tiras media novela queriendo pegarle de collejas o mejor, esperando que a Juan se le hinchen de una vez las narices y le parta la cara).

Pero aunque todo el mundo mole, seamos serios, Juan mola más que nadie (y su estilismo aún más). De hecho, es el ejemplo por excelencia de personaje molón (aunque en los últimos 20 capítulos se ponga un tanto pesado y se pase demasiado tiempo recreando al Chandler de Friends, pero en lugar de Mónica se mi novia, su mantra sea Mónica vuelve conmigo, pero claro, como eso lo acompaña con trepar muros para colarse por las ventanas de su amada y actitud molona con todos los que no son su adorada Mónica o don Noel, pues se lo perdonamos. Somos débiles y Juan del diablo es mucho Juan del Diablo). Además, por mucho que sea un borde de cuidado, en el fondo Juan es el personaje más noble de toda la novela y en determinadas ocasiones tiene más paciencia que el Santo Job (cualquier cosa relacionada con Andrés y doña Catalina en los últimos veinte capítulos).  Decir que Eduardo Palomo borda el personaje, es quedarse corto.

Juan, el mejor personaje de la novela
Mónica también mola bastante, a pesar de que se supone que empezó siendo la pánfila de la función y no sólo por el hecho de pasarse media novela besándose con el tremendérrimo Juan (en serio, lo de estos dos no es ni medio normal, es que hay una parte de la novela es que prácticamente todas sus escenas son ellos dos besándose, pero claro si una tiene un marido como Juan, pues qué narices, hace bien), sino porque la muchacha evoluciona que es un gusto y termina subiéndosele a la chepa tanto a sus parientes coñazo (Andres, su señora madre) como a su querido Juan (que se queda anonadado viendo cómo ha creado un monstruo, porque el que le mete las ideas de liberarse y hacer lo que ella crea conveniente en la cabeza es él). Eso si, al igual que Juan, aguanta demasiado al pelma de Andrés y a la petarda de doña Catalina. Les tenía que haber mandado al cuerno mucho antes. Edith González está estupenda en un personaje mucho menos agradecido, en principio, que el de su compañero de reparto.

Mónica, el personaje que más evoluciona
Además la evolución de la relación de estos dos es la demostración de que se puede conseguir en una serie una relación de pareja prácticamente perfecta (deberían dar un curso en la escuela de guionistas de Shipper101 basado en como se desarrolla su historia de amor), tanto antes como después de que empiecen a estar juntos (a estos no les aplica lo de qué aburrida es la pareja una vez que se resuelve la tensión sexual no resuelta).

Las escenas de amor son preciosas y bastante atrevidas para la época, aunque sean muy sutiles y dejen la mayor parte a la imaginación.

Tengo que confesar que esta fue la pareja que hizo que yo me convirtiera en shipper y hasta ahora muy pocas de las que he seguido han conseguido siquiera igualar a lo bien que está contada su historia.

Luego está don Noel (maravilloso Enrique Lizalde), al que es imposible no adorar porque es tan bueno, tan recto y tan coherente en todo lo que dice o hace que no entiendes cuando el resto de personajes no le hacen caso cuando les da un consejo. Hay en ciertos momentos en que todos somos don Noel y habríamos cogido su sempiterno bastón para atizar a alguno de los protagonistas por cazurro (principalmente a Juan, que sutil, sutil, lo que se dice sutil, no es).

Otros que son geniales son los malos, malosos, tanto los malos principales como los secundarios ya que en ningún momento son definidos como caricaturas sino como personajes que por una razón u otra deciden hacerle la puñeta a los protagonistas. Doña Sofia y Aimé son lo más, cada una en su estilo.

Doña Sofía es manipuladora, altiva y no le importa nada que no sea el cansino de su hijo. Por no hablar de que está metida en toda conspiración que se monte en la serie, cuando no las monta ella directamente. Además, suele hacerse una composición de la situación bastante realista, aunque siempre termine adaptándola a sus propios intereses.

Aimé es egoista, voluble, caprichosa, cínica y una mentirosa patológica. Además le tiene una tirria tremenda de serie a su hermana que se convierte en odio absoluto cuando a la que ella considera como una santurrona y una beata le levanta a Juan que para ella es la personificación de lo más pasional y salvaje. En resumen, es mala a rabiar pero es que es tan entretenida de ver y Ana Colchero lo hace tan bien que es imposible no cogerle cariño. Además es como Pierre no doy una, todo siempre le sale mal.

La gran Aimé
En cuanto al resto, Alberto es arribista, trepa, manipulador y extremadamente inteligente. Meterse en chanchullos es lo que le va y, como doña Sofía, está metido siempre en todos los fregados. A Bautista le darías de collejas permanentemente por lo desagradable que es y aunque Cajiga es un mal bicho de cuidado no puedes dejar de admirar el morro que tiene para todo.

Y luego tenemos la categoría especial de personajes tocanarices. Es decir, aquella a la que pertenecen los personajes que te hacen querer lanzar algo al televisor cada vez que les da por aparecer, sean buenos, malos o regulares.

Andrés es el rey absoluto de esta categoría a partir del capítulo 30, pero especialmente del 50 en adelante. Es  aparecer, abrir la boca y yo sentir unos deseos tremendos de estrangularle. Es absolutamente insoportable y tiene una capacidad única para alterar la realidad y verla según sus ideas majaderas. Su forma de utilizar el hecho de que es "el hombre" de la familia para imponerle a Mónica su santa voluntad y de utilizar su condición social para librarse él y librar a otros de problemas legales es absolutamente vergonzosa.

Otro miembro de honor de esta categoría es doña Catalina, la madre de Mónica y Aimé. Ella, como Andrés, vive en una realidad paralela. Es egoísta, cansina y cargante hasta la extenuación, sobre todo, de media novela en adelante. Se pasa la vida haciéndole chantaje emocional a su hija, que la aguanta mucho más de lo humanamente posible. Bueno, ella y Juan, que se gana el cielo no respondiendo a las barbaridades que le suelta su señora suegra cada vez que le ve.

Aquí también tiene un lugar destacado Azucena, a la que Mónica debería haberle cantado las cuarenta mucho antes y Juan haberla parado los pies desde el principio, porque además esta se tira 78 capítulos dando el coñazo, al menos Andrés y doña Catalina los primeros 30 fueron más o menos soportables.

Evidentemente la novela no es perfecta. Tiene sus momentos de suspension of desbelief bastante tremendos. El más claro de todos ellos, ¿por qué narices doña Sofia no rompe la carta de su marido desde un principio en lugar de guardar una prueba gráfica de que Juan es hijo de su marido? Vale que sin esto no habría novela, pero canta un poco y por muy monos que sean Juan y Mónica (que lo son mucho, mucho, mucho), algunas veces se ponen demasiado "intensos" en sus diálogos y el nivel de azúcar alcanza niveles escandalosos.

Además, la reconciliación final de los dos hermanos es demasiado rápida. O Juan hace oposiciones a santo o es poco creible que después de todo lo que les ha hecho Andrés a él y a Mónica (y lo de los últimos cinco episodios es especialmente desagradable) le perdone tan rápido.

Pero esto termina resultando una minucia porque al final lo que cuenta es que Corazón Salvaje es preciosa, por ella no pasa el tiempo, Juan del diablo es lo más grande y por si esto fuera poco, tiene la mejor historia de amor forever and ever.

Me despido con la segunda versión de los títulos de crédito, cantada por Mijares y muy, muy pegadiza